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Un cura de Guadalajara se enfrenta a la CHT
No es una persona cualquiera. Francisco Vaquerizo, además de ser una persona llana, del pueblo, con raíces y sentimiento de apego a la tierra que le vio nacer, Jirueque, es, a la vez, una voz cualificada, con criterio, y de prestigio. Quiere que el soneto que ha escrito se escuche bien alto para que la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) mantenga limpios los ríos de la provincia, competencia que, según aseguran numerosos alcaldes de la provincia, no ejerce o, en su caso, lo hace con mucha demora. Recuerda que antiguamente, cuando daba misa en la zona de Entrepeñas, el contacto con este organismo era más cercano y humano, pero ahora, comenta, llamas “y uno te manda al otro, el otro te manda a otro, salta un contestador automático, nadie quiere saber nada… Es un desastre”.
Don Camilo José Cela, en su Nuevo Viaje a la Alcarria" le llama "clérigo de buenas letras", recuerda el cronista provincial, Antonio Herrera Casado.
Hablamos de una persona que ha publicado más de 30 libros. Véase cita en aache.com. Es periodista, escritor y sacerdote (licenciado en Derecho Canónico). Está a punto de cumplir los 89 años. Tras ocho de cura párroco en Concha, Auñón, Alhóndiga y Sacedón, fue profesor de Lengua y Literatura, en Sigüenza, durante 32 años, a la vez que daba clases en el Seminario de Sigüenza. Ahora pasa su etapa dorada en la capital, en la Casa Diocesana.
Francisco Vaquerizo presentó en julio de 2019 en la Iglesia de Santiago su libro 'Canto a Sigüenza y a sus gentes'.
Buen conocedor de su terruño, Francisco ha participado en numerosas hacenderas. Un trabajo comunitario que servía, años atrás, entre otras muchas funciones, para limpiar los ríos para que los lugareños pudieran seguir haciendo su vida normal sin temor a inundaciones. Pero ahora es imposible. La multa que la CHT ha impuesto a Jirueque de 2.600 euros por limpiar su río, cree, “es algo ridículo; después de lo que ha pasado en Valencia”. Una sanción, a su juicio, “totalmente desproporcionada, impuesta por personas que no saben nada del campo; no sé qué hay en los arroyos que sea más importante que la vida normal del pueblo”. Y prosigue: “Conozco un sitio que denunciaron a uno por quitar una zarza de una puerta en un corral”.
Asegura que, en virtud de la situación de indignación generada, “el alcalde me pidió hacer un soneto sobre lo que estaba ocurriendo; para mí fue un auténtico desafío, pero lo afronté con solvencia, no tardé más de dos o tres horas, cuando lo normal es que me lleve unos dos, tres o cinco días”, indica.
En su último libro, Érase una vez un pueblo: Jirueque, expone una colección de pensamientos y reflexiones en prosa y poesía que explora el amor hacía la localidad que le vio nacer y sus gentes. Conoce bien el terreno que pisa.
Francisco Vaquerizo, presentó su libro: Érase una vez un pueblo: Jirueque en la sede de la Fundación Siglo Futuro en la UAH. Asistió el Obispo, Julián Ruíz.
Este es el soneto:
“La multa que a Jirueque le ha caído
por cuidar la salud del vecindario
es el suceso más atribulario
que en estas tierras se haya conocido
Con arrogancia suma han decidido
no tener compasión de su adversario
y arruinar el estado de su erario
dejándolo en extremo malherido.
Fueran más justas otras soluciones,
más puestas en derecho y en conciencia,
pero ellos no se atienen a razones.
Y dando muestras de su prepotencia,
toman sus caprichosas decisiones
demostrando su enorme incompetencia”.