Las 15 joyas románicas de Guadalajara que Peridis convirtió en memoria viva
José María Pérez “Peridis”, arquitecto, dibujante y divulgador, ha dedicado décadas a demostrar que el románico no es un arte menor ni residual, sino la primera gran arquitectura europea de lo cotidiano, la que dio forma a pueblos, caminos y comunidades. En pocas provincias españolas esa idea cobra tanto sentido como en Guadalajara.
José María Pérez “Peridis”, arquitecto, dibujante y divulgador, ha dedicado décadas a demostrar que el románico no es un arte menor ni residual, sino la primera gran arquitectura europea de lo cotidiano, la que dio forma a pueblos, caminos y comunidades. En pocas provincias españolas esa idea cobra tanto sentido como en Guadalajara.
Ese trabajo de fondo cristalizó en la Enciclopedia del Románico en Castilla-La Mancha, dirigida por Peridis desde la Fundación Santa María la Real, una obra de referencia que documenta 165 testimonios románicos en 134 localidades de la provincia de Guadalajara, convirtiéndola en uno de los territorios con mayor densidad de románico rural de la península.
El románico como paisaje habitado
A diferencia de otros estilos que buscan imponerse, el románico se adapta. En Guadalajara lo hace entre parameras, sierras y pueblos mínimos, y por eso Peridis insiste en que este patrimonio no se entiende sin el medio rural. Iglesias pequeñas, portadas sobrias, galerías porticadas pensadas para reunirse, hablar, protegerse del frío y del sol.

Ese espíritu se percibe con claridad en San Salvador de Carabias, cerca de Sigüenza, cuya galería porticada —una de las más completas de la provincia— funciona como frontera simbólica entre el mundo exterior y el refugio comunitario del templo. Es el ejemplo paradigmático del románico que “acoge”, analizado en profundidad en los estudios de la Fundación Santa María la Real sobre el románico porticado.

Unos kilómetros más al norte, en la falda de la Sierra de Pela, Santa Coloma de Albendiego introduce una singularidad que Peridis ha subrayado en varias ocasiones: sus celosías de piedra, únicas en el románico peninsular, que tamizan la luz con una geometría casi oriental. El templo está documentado como uno de los ejemplos más singulares del románico provincial en los fondos de Románico Digital.
El tiempo tallado en piedra
Si hay un lugar donde el románico de Guadalajara explica la relación entre arte y vida cotidiana es San Bartolomé de Campisábalos. En su muro se conserva el célebre mensario agrícola, un calendario esculpido que muestra mes a mes las labores del campo. No es decoración: es pedagogía en piedra, memoria del trabajo campesino, y uno de los conjuntos más citados por Peridis como ejemplo de “arte útil”. Su estudio histórico puede consultarse en la ficha patrimonial de San Bartolomé de Campisábalos.

Ese mismo lenguaje sobrio aparece en San Pedro Apóstol de Villacadima, cuya portada, sorprendentemente rica para un enclave hoy casi despoblado, recuerda que el románico fue también arte de repoblación. La iglesia figura entre los templos protegidos y estudiados dentro del corpus románico provincial, tal como recoge la ficha monumental de Villacadima.
Cuando el románico entra en la ciudad
Aunque profundamente rural, el románico de Guadalajara no se limita a aldeas. En Sigüenza, la iglesia de Santiago conserva elementos románicos integrados en una trama urbana posterior. Su restauración reciente responde precisamente a esa filosofía defendida por Peridis: recuperar la piedra es recuperar la historia compartida, una idea recurrente en sus intervenciones públicas y en los proyectos impulsados desde la Fundación. El proceso está documentado en la información histórica de la iglesia de Santiago.

Un rosario de pequeñas joyas
Más allá de los templos más conocidos, la Enciclopedia del Románico recoge una constelación de iglesias que sostienen el mapa patrimonial de la provincia: San Martín Obispo de Alcolea de las Peñas, San Juan Bautista de Jodra del Pinar, Santa María de Beleña de Sorbe, Pinilla de Jadraque, Gascueña de Bornova, Cincovillas, Escopete, Almiruete o Villaescusa de Palositos, todos ellos inventariados como testimonios románicos o con restos significativos en los estudios reunidos en la Enciclopedia del Románico en Castilla-La Mancha.
Peridis y el románico como herramienta de futuro
Peridis ha defendido que el románico no es un arte muerto, sino una palanca de desarrollo cultural y rural. Esa idea se concreta en el Plan del Románico, impulsado desde la Fundación Santa María la Real junto a administraciones públicas, que ha permitido restaurar y estudiar decenas de templos en Guadalajara, tal como recoge la información institucional del Plan del Románico en Castilla-La Mancha.
En un tiempo de despoblación y olvido, estas iglesias siguen diciendo lo mismo que hace ochocientos años: aquí hubo vida, aquí hubo comunidad, aquí merece la pena quedarse o volver.
Porque, como escribió Peridis, el románico no te deslumbra: te reconoce. Y en Guadalajara, esa memoria sigue en pie, piedra a piedra.

