Sábado, 20 de Abril del 2024

‘El Abuelo’, la otra cara de la polemica ocupación de edficios en Azuqueca

D. PIZARRO
27/03/2017 . 11:41

Desde hace algunos años, dos edificios de la calle Navarrosa de Azuqueca están ocupados de forma ilegal. Antonio, ‘El Abuelo’, es uno de sus habitantes. Llegó hace dos años y reside solo en uno de los pisos.

La historia de Antonio es la de la mala suerte. No se sabe si buscada o encontrada a cada paso que daba en la vida. Al final, ha recalado en Azuqueca de Henares. Vive en la calle Navarrosa, en una vivienda ocupada en el edificio número 1. Hace dos años llegó aquí desde Alcorcón. “No tengo dinero para alquilar un piso”, reconoce Antonio. Su vida empezó a ir cuesta abajo cuando se separó. Así lo cuenta. “Todo empezó a ir mal, me echaron del trabajo y me encuentro ahora, con 62 años, con unos ingresos de 400 euros que no me dan para nada”. Antonio aparenta bastante más de esos 62 años, probablemente por esos “palos” que, dice, le ha dado la vida y que le han llevado a ocupar una casa.  De esos 400 euros que recibe como subsidio, cuenta que “de vez en cuando” entrega algo a sus nietos. “Lo que me queda me da para comprar algo de vino y pan para mí”. Es precisamente lo que lleva en una bolsa de plástico. Dice que acompañará a la tortilla de patata que hará más tarde.

 


    Su historia es una más de las que se desarrollan en el edificio de la calle Navarrosa, en la que viven de forma ilegal otras familias excluidas. Porque se trata de un bloque embargado y, según las últimas informaciones, propiedad de una entidad bancaria. Pero nunca se llegó a habitar, por lo que hace un par de años llegaron las primeras familias okupas. Esta situación generó, en 2015, protestas por parte de los vecinos que habitan en los edificios colindantes.
    Esta zona de Azuqueca, ubicada justo a la entrada del pueblo, se compone de bloques relativamente nuevos,  ejemplo de las construcciones que se realizaron en los años del boom inmobiliario. El malestar de los vecinos, no obstante, continúa. Uno de ellos, que prefiere no dar su nombre , reconoce que los “más problemáticos” se han ido marchando, “quizás presionados por tanta llamada a la Guardia Civil”. Son conscientes de que es “casi imposible” echarles, pero ante cualquier problema recurren a la Benemérita. Después de estos años de ocupación, reconocen que lo único que puede hacer es “tragar” con lo que cada día ven por la ventana. Uno de los problemas, no obstante, son los menores que “entran en el edificio como si fuera un lugar de reunión”.
    

 

 

Aconsejado desde Alcorcón
Cuando llegó Antonio al edificio, aconsejado por “gente de Alcorcón”, convivió inicialmente con otro hombre en la casa en la que ahora reside. “Él estaba primero, pero tuve que echarlo por los problemas que me daba”. Asegura que ese compañero de piso le robaba “lo poco que tenía”. Y muestra orgulloso la llave con la que  mantiene su casa alejada de otros posibles ocupas. “La puerta la coloqué yo”, añade, queriendo dejar claro que a su casa no pueden entrar.
    Sin embargo, al instante matiza que todas las casas de este edificio están ocupadas por “gente normal”. De hecho, cuenta que hay varias familias con niños y mujeres embarazadas. “No hacemos nada malo, simplemente vivir en un lugar en el que no vive nadie, y que se va estropeando poco a poco”.

 

  La apariencia del edificio, sin embargo, no deja lugar a dudas. Puertas que brillan por su ausencia, sin ventanas en la planta baja, chatarra que se acumula en los portales, pintadas, plásticos donde debería haber cortinas... “El invierno es duro, porque el frío entra por cualquier sitio, pero sí tenemos agua corriente y gas”, cuenta sin dejar de mirar a su alrededor.
    Antonio insiste en que son gente “pacífica” que no causa problemas, “por lo que la Policía nos deja tranquilos”.  Él ejerce en cierto modo de patriarca. “Soy el  mayor y me llaman el abuelo”. Su jornada, pese a que en estos momentos no trabaja, comienza temprano. “Me levanto a las 7.15 horas y llego a casa a las 11.30”. En este tiempo se acerca a casa de su hijo, que reside en Azuqueca. “No nos hablamos, pero saco a pasear a sus perros”. En los últimos meses, este hombre ha trabajado en un plan de empleo en el parque de La Quebradilla.

 

Pero el edificio en el que residen estas familias no es el único ocupado de la calle. Unos pasos más abajo, hay otro con la misma estética, por lo que el propietario será el mismo. Éste se presenta como el Centro Social Okupado (CSO) El Bloke, “creado por jóvenes de Azuqueca de Henares y alrededores, cuya intención es poder facilitar la cobertura de diversas necesidades sociales de las personas que habitan en las cercanías del mismo”, señalan en un comunicado en su propia página web. El aspecto parece más cuidado que el anterior, pero los vecinos aseguran que simplemente es un bloque “disfrazado de corrección”.
    De cualquier forma, son conscientes de que acabar con la ocupación es difícil. De hecho, el Ayuntamiento de Azuqueca señala que no pueden actuar, al no ser propiedad municipal. Únicamente pueden trabajar para mantener el orden.

 

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