Campillo de Ranas cierra temporalmente su Ayuntamiento
El alcalde, Francisco Maroto, denuncia la parálisis total del municipio tras la marcha del secretario y del auxiliar. El último funcionario en el puesto fue el exalcalde de Fontanar, Víctor San Vidal.
El Ayuntamiento de Campillo de Ranas, emblema de la Arquitectura Negra en la Sierra Norte de Guadalajara, ha echado el cierre temporal. No es una decisión política, sino una capitulación ante la falta de recursos humanos. La ausencia total de personal administrativo ha dejado al consistorio en una situación de "parálisis" que, según denuncia su alcalde, Francisco Maroto, evidencia la extrema fragilidad estructural que asfixia a los municipios rurales de la provincia.
Actualmente, el Consistorio carece tanto de secretario municipal como de auxiliar administrativo. Esta doble vacante —producida por la renuncia del secretario por motivos personales y el fin de un contrato temporal en la otra plaza— impide prestar los servicios más elementales. Licencias de obra, empadronamientos, registros, pagos a proveedores y la gestión de subvenciones vitales para el pueblo han quedado completamente bloqueados. "Nos vemos abocados al cierre porque no hay absolutamente nadie que pueda atender. Es una situación límite", reconoce Maroto.
El "trampolín" de la administración local
La queja del regidor va más allá de un problema puntual; apunta al sistema. En seis legislaturas, Campillo de Ranas ha visto desfilar a siete secretarios. "Los pueblos pequeños somos un trampolín: cuando los profesionales se forman, se van a destinos más atractivos y nos quedamos desamparados", lamenta Maroto. El alcalde señala directamente a la Junta de Comunidades y a la Diputación de Guadalajara por la lentitud de los plazos administrativos para cubrir estas vacantes, una burocracia que a menudo es más lenta que las necesidades de los propios vecinos.
El último secretario que ocupó la plaza en Campillo de Ranas antes de esta crisis fue Víctor San Vidal, quien fuera alcalde de Fontanar. San Vidal protagonizó la actualidad judicial de la provincia tras ser juzgado y condenado por malversación durante su etapa como regidor, lo que conllevó además su inhabilitación para empleo o cargo público. Su reciente salida ha dejado al Ayuntamiento de Campillo —y a otros consistorios que compartían sus servicios— en una orfandad administrativa que ahora se ha vuelto insostenible.
Consecuencias para la economía local
El cierre no solo afecta al papeleo cotidiano. La parálisis administrativa pone en riesgo la justificación de subvenciones y el pago a empresas que prestan servicios en el municipio, lo que supone un perjuicio directo para la economía local. "No es solo un problema burocrático; es un daño a los vecinos", advierte el alcalde.
Desde el Ayuntamiento han pedido comprensión a los vecinos mientras reclaman una solución urgente y estructural. La exigencia es clara: agilidad. Campillo de Ranas pide que un municipio no tenga que quedar "muerto" administrativamente durante meses cada vez que un secretario decide cambiar de destino.
