Jueves, 07 de Mayo del 2026

Cabanillas encuentra el eslabón perdido que enlaza su paso de pueblo a ciudad

Paco Campos
06/05/2026 . 11:51

El municipio de Cabanillas del Campo, en el corazón del Corredor del Henares, ha decidido estos días mirarse de frente en el espejo de su pasado, desvelando las claves históricas de su transformación de pueblo a ciudad.

La muestra Cabanillas del Campo en la prensa: 1859-1936, que ahora ocupa las salas del Centro Social Polivalente, supone el rescate de casi ochenta años de una vida cotidiana que hasta hace nada dormía en el silencio de los archivos y que ahora, gracias al empeño del periodista Esteban Provencio y del Ayuntamiento, vuelve a hablar con una voz propia y asombrosamente nítida.

“La historia no se escribe solo con grandes batallas o monumentos fríos, sino con esas cosas cotidianas, aparentemente minúsculas, que al unirlas forman una línea de puntos que nos traen directos a la urbe que hoy conocemos”, ilustra Provencio.

La muestra permanecerá en esta ubicación durante algunas semanas. Se utilizará también el próximo año 2027 en los actos de conmemoración del 400 aniversario de la declaración del municipio cabanillero como villa independiente. Además de con paneles con noticias, ésta se completa con algunos objetos antiguos cedidos para la ocasión por la Asociación de Mujeres “La Campiña”.

La exposición se ha inaugurado con motivo del centenario de los edificios que fueron sus antiguas Escuelas, dos inmuebles de ladrillo que se ubican en la Glorieta Mariano Pozo, que comenzaron a funcionar el 3 de mayo de 1926 y conformaban el que fue el único colegio público del municipio desde esa fecha y hasta comienzos de los años 90. Uno era para niños y otro para niñas.

Este viaje por la memoria no habría sido posible sin el respaldo institucional del Ayuntamiento que entiende que la historia de un pueblo es su mayor activo. El acto de celebración de este centenario reunió a algunas decenas de vecinos y vecinas, la mayoría de ellos cabanilleros “de toda la vida” que asistieron a la escuela en estas instalaciones, y para los que tenía especial interés esta conmemoración.

El alcalde de la localidad, José García Salinas, reivindica el valor histórico y simbólico de estas antiguas Escuelas. Salinas, que estuvo acompañado por los concejales Luis Blanco, Javier Inés y Javier Blanco, destaca que estos edificios, inaugurados en 1926, “representan una parte esencial de la memoria colectiva de Cabanillas”, y recordó que fueron fruto de una prolongada lucha vecinal por lograr un espacio digno para la Educación, en una época en la que las condiciones eran precarias. El regidor remarca que aquella conquista supuso un avance en justicia social, progreso y dignidad.

Salinas pone en valor la figura de León Gil Barrionuevo, el maestro con el que se inauguraron estas Escuelas (y que actualmente da nombre a la Biblioteca Municipal de la localidad) como símbolo del compromiso educativo que hoy continúa en el municipio.

Cabanillas cuenta en la actualidad con una red educativa consolidada, con dos escuelas infantiles, tres colegios de Primaria y un instituto de Secundaria, al tiempo que estos edificios históricos siguen activos como espacios públicos, “por lo que siguen llenos de actividad y de vida”, señala.

Esteban Provencio recoge el testigo y rememora el “calvario” que supuso construir las Escuelas Municipales. “Del proyecto se hizo eco el periódico Flores y Abejas, en 1901, pero la burocracia y la falta de fondos lo tuvieron en un cajón durante un cuarto de siglo”, comenta.

No fue hasta mayo de 1926 cuando el edificio se inauguró por fin. “Lo increíble es que aquel proyecto ya era un prodigio de modernidad, con sistemas de reciclado de agua para los jardines”, prosigue. Hoy, cuando entramos a la exposición, estamos pisando la tarima original de hace cien años, la misma madera que pisaron aquellos niños y niñas, “algo que te pone los pelos de punta cuando te lo cuentan”, indica.

Ese factor humano es, precisamente, lo que más brilla en la muestra.  Es esa “intrahistoria”, asevera Provencio, de la que hablaba Unamuno, la del panadero que se levanta al alba o la de la madre que prepara el desayuno, la que realmente levanta un pueblo.

La figura de León Gil Barrionuevo, que llegó en 1925, emerge como el alma de la Biblioteca Popular y un motor cultural que dejó una huella imborrable hasta 1939.  Provencio cuenta con una emoción contagiosa cómo se le acercó una señora durante la inauguración para decirle que ella era la bisnieta de León Gil y que la niña que la acompañaba era su tataranieta. Es ese vínculo físico entre el papel amarillento del panel y la carne y hueso de los descendientes lo que le da sentido a todo este esfuerzo de investigación.

Pero la memoria también nos habla de progreso técnico y de cómo Cabanillas supo subirse al tren de la modernidad.

En 1868 se construyeron los caminos vecinales proyectados para romper el aislamiento y conectar al pueblo con la estación de Azuqueca de Henares y la carretera general de Guadalajara. Provencio destaca que estos caminos “se pagaban con recursos locales y trabajo voluntario, una muestra de esa autonomía y orgullo que siempre ha tenido este pueblo”. 

Los paneles recogen cómo al año siguiente, en 1869, la llegada del agua del Canal del Henares transformó el paisaje y la economía de un plumazo, pasando del secano a un regadío productivo que, aunque no estuvo exento de pleitos por las tierras, cambió la vida de los agricultores para siempre.

Luego vino el teléfono en 1904, con aquellas primeras pruebas de conexión con Madrid hechas desde la casa de la familia Celada, marcando el inicio de su integración en el mundo moderno.

Incluso en los momentos más oscuros, como tras el Desastre del 98, Cabanillas demostró una capacidad de gestión envidiable. Cuando el precio del pan se disparó en toda España, el alcalde Felipe Celada, con el apoyo del vecino Pedro López, intervino el mercado para fijar el precio en 36 céntimos y garantizar que nadie se quedara sin lo básico.

Es el mismo espíritu de servicio público que vemos en 1910, cuando el Ayuntamiento sacó una plaza de médico cirujano ofreciendo 2.500 pesetas anuales, una cifra seria para la época que buscaba atraer a los mejores profesionales para cuidar de los vecinos. 

Para que la muestra quedara redonda, Provencio explica que hizo un uso riguroso de la Inteligencia Artificial para recrear imágenes que ya no existen, como esos caminos vecinales del siglo XIX. No dejó que la ‘máquina’ inventara a su antojo; “me leí manuales de arquitectura de 1800 para que las piedras, los cercados y las perspectivas fueran las que realmente vieron nuestros antepasados en esta meseta”, ilustra.

La exposición es el resultado de una suma de decisiones valientes, de una voluntad popular que en 1873 votó a favor de anexionar Valbueno para ser más fuertes y de proyectos técnicos como el abastecimiento de agua desde El Carisel que la guerra de 1936 dejó en suspenso.

Cada panel es una pieza de un puzzle que ahora, por fin, todos los vecinos pueden ver completo. El relato de un pueblo que ha sabido adaptarse a cada cambio sin perder su esencia, y que ahora se prepara para su cuarto centenario con el orgullo de saber exactamente de dónde viene.

 

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